El Fin del periodismo

Años 50-60
En pleno desarrollismo político, prensa, radio y televisión eran utilizadas para reforzar la construcción de la identidad nacional. El control sobre los medios dependía de la dirección Estatal. Sobre cualquier crítica o disidencia caía el peso de la LEY, la cual, no tenía miramientos a la hora de mantener el ORDEN.
Estar informado suponía conocer y reproducir las costumbres y principios castrenses de pertenencia e identificación con el régimen.
La televisión no era del todo bienvenida.



Desde el NO-DO hasta finales de los 70, la información y la labor periodística iban de la mano del poder nacional-católico vigente. Exaltar la mejora del bienestar granjeado mediante el Plan Marshall, dispuesto a sobornar a cualquier dictador con tal de que los fantasmas del comunismo no reapareciesen, creyendo que un “SEAT 600” podía compensar la falta de libertades.

Años 80
De la autocracia a la apertura al exterior y los valores democráticos. Amnistía para los ejecutores del pasado y pacto de mínimos en el Pacto de la Moncloa. Sindicatos y una izquierda fuerte hipotecan su futuro pero gozan de presente.
Las noticias de ámbito internacional llenan los informativos. España se despereza del letargo fascista y sin pensarlo dos veces corre hacia un tren que creía haber perdido, OTAN.



Comienza un tenue Estado del Bienestar y la consecuente privatización, porque… los que estaban, nunca se fueron.
Del diario a las empresas de información (PRISA, Grupo Zeta, Vocento, Grupo Godó, Grupo Correo, DEIA…)
La televisión es una ventana abierta a cada hogar y cada individuo, pronto son conscientes de su enorme influencia y del poder que conlleva el control de los medios.

Años 90-2000…
Partidismo, radicalización, globalización, mercantilismo, falsa conciencia.
Si hiciésemos caso de Fukuyama, el Fin de la Historia equivale al Fin del Periodismo (o de lo que supone su esencia) o dicho de otro modo, la forma más elevada de periodismo a la que todo Estado debe contribuir y aspirar.
Sin embargo, cuanto mayor es el avance en las tecnologías de difusión de la información mayor es el control y la tendencia a la homogeneización. Más fácil es acceder a toda injusticia desde la distancia, gritarlo a los cuatro vientos, y más difícil señalar, decir qué está pasando.
¿Estar informado? Al final, lo único real es la confusión.

El código deontológico no es más que papel mojado.
“El primer compromiso ético del periodista es el respeto a la verdad” (código deontológico de la FAPE)
El mal llamado "Periodismo de Investigación y/o del Corazón", financiado por intereses particulares provoca lo mismo que denuncia.
Las agencias de información ponen de “moda” conflictos que como objetos de consumo son sustituidos por otros y relegados al olvido.
Las fusiones entre cadenas y medios [1][2] auguran que el periodista tendrá en cuenta no traicionar los principios ideológicos del ente que le permita trabajar, llámese Estado, Milikito o Berlusconi.
El bipartidismo reinante diversificará el mercado, y aunque a fin de cuentas, ninguno disponga de proyecto común, no es necesario, si en lugar de ciudadanos resulta más rentable disponer de acólitos.
Para ello la confrontación.
Todo vale en la guerra por las audiencias.






¿Todo vale?

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