La balanza de la educación: EBE (Parte 3 de 4)

Ante el fenómeno que vivió España con la llegada de Inmigración y los conflictos surgidos a raíz de las políticas de integración se impuso una medida controvertida. Un espacio donde evaluar las necesidades del alumno emigrado antes de su ingreso en el curso normal, son las llamadas Aulas de acogida o Espacios de Bienvenida Educativa (EBE).
Los primeros espacios fueron inaugurados en Vic y Reus durante el curso 2008-09.

Según la Generalitat “el objetivo es ofrecer un espacio de soporte y asesoramiento, para que conozcan todos los aspectos que hacen referencia a la educación en el municipio de acogida. Los EBE diagnosticaran y orientaran a los futuros alumnos y sus familias para que puedan incorporarse al sistema educativo con plenas garantías.”

Atenderán a recién llegados entre 8 y 18 años, con actividades de 4 horas por la mañana y la participación en los Planes Educativos del Entorno.
Se dirigirán a las familias con la realización de un módulo de 10 horas de entrevistas personalizadas.
Permanecerán abiertos todo el año incluido los meses de verano.
Actualmente Catalunya ya dispone de más de 1774 aulas de acogida dentro de los centros.
Los aprendizajes se centran en el uso oral y escrito del catalán.
Todos los menores atendidos son inmigrados, de nacionalidades diversas pero especialmente, África, Asia y Europa del Norte.

Siempre hay algo más…

Lo que supone una educación para integrar en igualdad de condiciones se convierte en un itinerario para inmigrantes. Una vulneración del derecho a una educación obligatoria hasta los 16 en igualdad de condiciones.
Sus itinerarios curriculares son sesgados en favor de la inmersión lingüística y la lectura más tópica de las Teorías de la privación cultural que explican el fracaso académico de minorías étnicas porque en sus hogares no han recibido los estímulos culturales necesarios para desenvolverse en el colegio.
A partir de aquí, menores que saben hasta cuatro idiomas son derivados al aula de acogida. La orientación a los padres, prácticamente nula. No se les asesora, en realidad sólo se les explica que esta es la forma de proceder.

El niño puede quedar atrapado en un EBE hasta dos años. Prorrogable si, como dicen, viene de una cultura muy diferente. Supongo que esto va por africanos y asiaticos.
A partir de aquí su curriculum se centrará sola y exclusivamente en el aprendizaje del catalán manteniendo, si es posible, aquellas asignaturas en grupos reducidos que le permitan desenvolverse con sus nuevos compañeros. Gimnasia y tutoría.

Es una contradicción. Los menores, a partir de la inmersión lingüística irremediable, aprenden por si solos, son permeables a las influencias del medio que les acoge. En cuestión de 2 meses pueden mantener una conversación equiparable a la de cualquier adolescente nativo que no maneja más de 150 palabras (los hay, y muchos). No hay nada que no puedan aprender por sí mismos dentro del grupo.
Mantener a estos chic@s por un periodo máximo de dos años (prorrogable) es un despropósito que refuerza distancias sociales clasistas y provoca en el menor un rechazo absoluto al ámbito académico.
Es una sujeción y domesticación que no es funcional dado que ni siquiera les permitirá, a posteriori, competir en igualdad de condiciones.
De hecho, muy pocos niños vienen de comunidades ágrafas y otros tantos ya fueron escolarizados en su país de origen, sin embargo, han de pasar por el embudo del EBE.
Es el proceso.

Ahora, ya podemos constatar que no sólo la integración fracasa sino que, además bajan el nivel. Sin conocer apenas el lugar donde alguien decidió que debían migrar, se ven de repente en una habitación donde todo el mundo habla en un idioma distinto y el adulto les insiste en que hablen otra lengua distinta, dedicándose sola y exclusivamente a la repetición constante.

Es más, la gran mayoría de estos chicos al poner el pie en el instituto ya formarán parte de un grupo de nivel bajo. Se da la circunstancia, especialmente entre menores de centro y América del Sur que pudiendo pasar a otra aula no contestan los exámenes o fallan a propósito.
Porque se sintieron insultados y discriminados por grupos “superiores”.
Porque ahí, en ese aula de nivel bajo, entre extranjeros, entre los “diferentes” hacen comunidad y aprenden rápido qué es la ayuda mutua.

Tal vez justifiquemos este tipo de intervención considerando que para estos menores que  vienen de otras culturas, la adaptación es más complicada y la escuela ha de mediar en esta dura transición del hogar a la adopción cultural.
Podemos creérnoslo. Es la forma de trabajar este campo sin demasiados dolores de cabeza provocados por la culpabilidad.

Para darle más vueltas:

1 comentarios:

Anónimo dijo... / miércoles, 10 marzo, 2010  

"Los aprendizajes se centran en el uso oral y escrito del catalán"
Politizar el lenguaje está mal, pero usar ese lenguaje como excusa para la integración, cuando en realidad es una barrera, es peor todavía. ¿Es imposible la integración de un inmigrante castellano-parlante en un aula? Montar esos ghettos llamados EBE para justificar políticas lingüísticas recuerda a tiempos peores. ¡¡Estais perdiendo el norte, compañero!! ¡¡Los políticos os la están metiendo doblada!!

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